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“Una utopía materializada” – Historia y futuro de la sociología del derecho en el IISJ

12 Jul 2017 18:28 | Sophie Arndt

Entrevista con Vincenzo Ferrari, director científico del IISJ


Sophie Arndt: Usted fue cofundador del IISJ en 1989. ¿Por qué lo fundaron y cuáles eran sus expectativas?

Vincenzo Ferrari: Nosotros, el Comité de la Sociología del Derecho de la ISA (International Sociological Association), estábamos buscando un lugar donde montar un despacho, una oficina, un lugar dónde emplear a alguien que trabajara para nosotros. Y de repente un colega de la Universidad del País Vasco (UPV), Francisco Javier Caballero Harriet[1] de San Sebastián, dijo que era posible organizar algo mucho más importante aquí en el País Vasco. Esto aconteció en junio de  1988, durante el congreso de sociología internacional de sociología del derecho, que se celebró en Boloña, donde en aquellos tiempos yo era catedrático. En diciembre Caballero nos invitó a los miembros del “board” del “Research Committee” al País Vasco. Yo era el vicepresidente entonces, Jean Van Houtte de Bélgica[2] era el presidente y Volkmar Gessner[3] de Alemania el secretario. Venimos aquí, también con mi maestro, Renato Treves[4], antiguo presidente y fundador del proprio RCSL, y discutimos con el Gobierno del País Vasco un convenio que acabamos firmando. Así nació este instituto que es algo más que un despacho (riendo). Fue inesperado, algo de gran importancia. Durante los últimos treinta años, se ha convertido en el centro mundial de la sociología del derecho. Al principio, la misión era establecer un punto que fuera al mismo tiempo de encuentro, de reflexión, de organización y de invención de las iniciativas en el marco de la sociología del derecho. Los que tuvieron la idea eran por un lado Caballero, por otro lado Volkmar Gessner, que estaba colaborando con investigadores en San Sebastián. El gran intérprete de esta misión y esta idea, el que casi inventó el instituto desde sus pilares fue André-Jean Arnaud[5]. Lo nombramos director del instituto. El se puso a trabajar muy duro, viviendo aquí en On͂ati, dejando de lado todas sus actividades anteriores. Fue a vivir aquí con su esposa, Wanda Capeller. Dentro de unos cinco, seis meses el instituto se inauguró – a una velocidad inexplicable. En Italia un proceso así habría durado diez an͂os.

¿Entonces fue casi algo inesperado que el IISJ saliese a la luz?

Sí, absolutamente inesperado. Era una utopía materializada.

¿Desde entonces ha cambiado mucho el concepto del IISJ?

Diría que no. Pero, ahora mismo, creo que debe cambiar. Desde el principio, la idea que tenía yo del instituto era un tanto distinta de la que se acabó realizando. El instituto podía ser un centro de encuentros donde se reunían grupos de sociólogos del derecho para trabajar temas varios y se inauguró esta temporada de “workshops” que sigue estando. Cada an͂o se reúnen 15 workshops y tenemos propuestas para muchos más. Podríamos hospedar hasta 30 workshops al año, pero nuestro instituto tiene otro pilar fundamental: el máster. Desde el principio tuvimos dos iniciativas principales, los workshops y la maestría de la sociología del derecho. Es un sistema para agregar jóvenes a la sociología del derecho.

La idea de Arnaud era que el instituto como tal no pudiese hacer investigación, porque no había investigadores. Yo propuse desde el principio que se intentase juntar los workshops con la investigación. Es decir, seleccionar aquellos workshops que fueran propuestos por grupos que querían hacer investigación a nivel internacional. Pero esto no se hizo. Lo estoy intentando ahora. Desde el principio, desde los años ochenta y noventa, que fueron “la edad de oro” del instituto, muchas cosas cambiaron. El primer y más importante cambio fue el recorte de presupuesto. El “budget” se redujo terriblemente por razón de la crisis financiera. Por ello, también hay que buscar otras fuentes de financiación.

La situación también es distinta desde otro punto de vista. El instituto en aquel tiempo estaba naciendo y atrajo mucha gente de distintos partes del mundo, y lo sigue haciendo. Pero hoy hay una comunidad de ex-on͂atienses, de alumni, que se sienten parte del instituto. Entonces el instituto puede animar un grupo que venga aquí, que con una financiación especial de varias fuentes privadas y públicas lleve a cabo tareas de investigación.

¿Es decir para un periodo más largo?

Este es el proyecto que tengo en mente ahora mismo. Porque creo que el instituto puede seguir andando con este programa. Pero naturalmente acarea algunos problemas: Los workshops tienen un éxito espectacular, se autofinancian, vienen personas de todo el mundo cada an͂o. Por su parte, el máster pone una serie de problemas. La tendencia general de los másteres es, primero, que hay una competición inimaginable a nivel mundial. Segundo, la tendencia de los estudiantes es escoger un máster que lleve directamente a una profesión. Esto no es el caso con la sociología del derecho – al menos, no en sentido estricto. Aunque no tenga una salida profesional directa, la sociología del derecho es muy importante para la cultura jurídica: tanto para académicos como para abogados. Sociología sabe más a una elaboración teórica, a teoría general. Te hace pensar más en Luhmann que en un trabajo de campo, como diría Robert K. Merton, de medio alcance. Cuando uno piensa en la sociología del derecho no piensa en problemas concretos, como por ejemplo la crisis financiera, sino en algo muy académico. Hay que bajar del nivel académico hacia algo más concreto.

Hablando del máster. Parece que en este máster tienen que caber carreras muy distintas. ¿Qué va a aportar el máster para todos los diferentes grupos de estudiantes?

No todos nuestros graduados, ya casi 500 desde 1990, han hecho carrera académica. También hay gente que trabaja en organizaciones no-gubernamentales o en la administración. Muchos de los estudiantes del máster quieren hacer un doctorado después. Este es otro programa que estamos intentando establecer. Hubo un doctorado internacional del que el instituto formaba parrte. Estaba asentado en Milán, con intitulación a Renato Treves. Por razones burocráticas italianas lo tuvimos que cancelar. Estamos intentando restablecerlo con la UPV, puede que hasta en colaboración con Milán. Los estudiantes normalmente quieren irse para un doctorado y entrar en la academia. Es su tendencia natural. Pero yo creo que un máster de sociología del derecho que, por ejemplo, termine con una tesis sobre la distribución social de la propiedad, puede ser muy útil para hacer carrera en una empresa o en la administración pública.

Sociología del derecho significa mirar al derecho desde una perspectiva distinta: preguntamos cómo se actúa a través del derecho. Es algo que los juristas normalmente no hacen. Se ocupan de las normas y de su interpretación. No se dan cuenta de que el derecho tiene un impacto en la sociedad. Nosotros examinamos precisamente este impacto. Pero eso supone también ir a la calle y no solo recluirse en la torre de marfil.

¿En este sentido, es el máster es una antítesis a la educación universitaria común?

No, es un complemento.

Hablemos algo más del máster. En este an͂o la mayoría de estudiantes y profesores son juristas. ¿Normalmente es así? ¿Qué significa esto para el programa?

Ahora no tengo en mente cifras y porcentajes. Este año, me sorprendió que hubiese una mayoría de varones, normalmente hay una mayoría de mujeres. Efectivamente, normalmente vienen más del derecho que de la sociología. Es, a todas luces, paradójico: la sociología del derecho atrae más la atención de los juristas que de los sociólogos.

¿Por qué?

Vienen juristas de mentalidad abierta. Son juristas que son conscientes de que, como decía, el derecho tiene un impacto social, económico o político y que mantiene relaciones con otros sistemas sociales. Se dan cuenta de que hay que analizar todo eso y que la sociología del derecho o “law and society” puede ser un complemento interesante para la formación jurídica. Por su parte, los sociólogos tienden a ver el derecho como algo exótico. Algo no material. Algo fundamentalmente simbólico. Naturalmente, existen excepciones. Fui durante ocho an͂os miembro del comité ejecutivo de la Sociedad Internacional de Sociología y era el único sociólogo del derecho en este cojunto. En este circulo de amigos queridísimos siempre me sentí un tanto estrado culturalmente. Me cansó siempre tener que hacer entender que hay que reservar un lugar normal para la sociología del derecho, por ejemplo en las plenarias del congreso. Hay sociólogos de la agricultura, sociólogos políticos, sociólogos del trabajo: en mi opinión cada uno debe plantearse el derecho como problema. Puede ser que las normas sean violadas, puede ser que las normas sean ignoradas, puede ser que las normas cumplan una función contraria a aquella para la que habían sido creadas. Pero hay algo que no se puede ignorar: las normas existen.

¿Y de dónde viene esta ignorancia de los sociólogos?

De los orígenes de la sociología. Max Weber es la excepción, pues era jurista. Como también, por cierto, Niklas Luhmann. Aún así, en Alemania siempre se hizo más sociología de derecho en las facultades de derecho que en las de sociología. Aunque Luhmann enseñara en una facultad de sociología. Antes en las facultades de derecho, existían cátedras de sociología del derecho. Hoy en día, aún hay cursos en las facultades de derecho, pero normalmente llevados por juristas y no por catedráticos de sociología del derecho. Pero en otros países, por ejemplo Francia, el rechazo de alguien como Auguste Comte hacia la cultura jurídica echó raíces. Aunque Durkheim apreciase  el derecho como símbolo de la solidaridad social. Yo lo explico de esta manera: Los estudiantes de las ciencias sociales casi no cursan clases en derecho. Tal vez alguna introducción al derecho público, constitucional, y ya está.

¿Quizás se explica por cierto escepticismo ante el poder estatal, que la gente ve representado en el derecho?

No, más bien me parece un “problema cultural” de la organización de los cursos. Quiero subrayar una cosa: sin una formación jurídica profunda, uno nunca entenderá lo que el derecho dice, quiere decir o debe decir, uno nunca se dará cuenta de la importancia del derecho.

¿Entonces hay que estudiar el derecho para entender su función?

Hay que estudiar el derecho. La sociología del derecho, parafraseando a H.L.A. Hart, significa mirar el derecho desde el exterior. Pero primero hay que tener la visión desde dentro, hay que saber qué es el derecho, para después, poderlo valorar desde afuera.

¿Piensa que existe la sociología jurídica? ¿O hay, al menos, dos sociologías jurídicas, una desde la sociología y otra desde el derecho?

Esto pensaba mi maestro, Treves. Treves lo afirmó siempre, desde los an͂os 50, hasta su última ponencia en Milán.[6] Siempre repetía que hay dos sociologías del derecho. Su fórmula era: una observa el derecho en la sociedad, la otra observa la sociedad en el derecho. Esta idea se reitera en su último libro que fue traducido también al castellano y al francés.[7]

¿Y usted está de acuerdo con esta distinción?

Yo no veo tanto esta distinción. Yo veo problemas de gran alcance y problemas de medio alcance. A mi me influyó mucho Merton. Me he hecho mía su mirada, su demanda de una sociología de medio alcance. Esto no quiere decir, que no me interesen los problemas de teoría general. Mi libro de 87/89, Funciones del Derecho[8], que ha sido traducido al castellano y al griego, es un libro de teoría general. Yo veo la sociología del derecho como una ciencia que define al derecho como un instrumento de acción social o como una modalidad de acción social. Pero, de todas formas, la distinción de Treves es válida para describir una actitud científica. Hay sociólogos que se ocupan del problema general y otros que se centran en problemas de medio alcance.

¿Si ve el derecho como instrumento para la sociedad, cree que la sociología jurídica también tiene un papel instrumental o incluso una función normativa?

Creo que sí, en el sentido de Max Weber, que desde un punto de vista más ético que funcional diferenciaba entre la tarea del jurista, del sociólogo y del político. El jurista actúa de forma práctica, es decir, se involucra en una interacción constante con las instituciones, especialmente las judiciales. Por lo tanto, actúa y habla desde un punto de vista tanto descriptivo como prescriptivo, interpreta las normas, recomendando usos lingüísticos. El sociólogo recoge y acumula datos sociales, también los interpreta. Y con estos datos también puede ayudar al jurista a entender el impacto social y político del derecho.

¿Y el sociólogo debería ayudar al jurista?

Yo creo que sí. Por lo menos puede intentarlo. Sobre todo los políticos deberían considerar que un sociólogo u otro científico social podría explicarles algo sobre la “realidad” entre comillas.

Un ejemplo es la reforma del derecho familiar en Francia, en los an͂os 60. El gobierno gaulista encargó al profesor Jean Carbonnier, un gran civilista de mentalidad no formalista, no exegética, hacer un estudio preliminar, sobre el impacto de la reforma. Y él hizo investigaciones sociológicas. En Italia tuvimos otro ejemplo en 1970, cuando se legalizó el divorcio. Fue una dura lucha contra la iglesia católica y la extrema derecha neo-fascista. La lucha fue tan dura y la correlación de fuerzas tan difícil, que se tuvo que negociar con los demócratas cristianos. Hubo un precio que tuvieron que pagar todos los que estaban a favor de la ley del divorcio, socialistas, comunistas y liberales: el compromiso fue aceptar un término de entre cinco y siete años para pasar de la separación al divorcio formal. Claro, lo que entonces pasó es que los divorciados, especialmente los hombres, se ponían a vivir con sus nuevas parejas sin casarse. Entonces, la ley provocó un aumento espectacular de parejas “libres” que vivían juntos en condición, como se decía en aquel tiempo, de “concubinato”. Para los que se oponían al divorcio, esto fue un hecho terrible. Luego se redujo a tres an͂os. Ahora son casi siempre seis meses.

Volvamos a la sociología jurídica como disciplina. A mí me parece que al ofrecer un máster en sociología del derecho y mantener un instituto dedicado exclusivamente a la sociología jurídica, el IISJ contribuye a construir la sociología jurídica como disciplina autónoma.

Es verdad. El instituto ha contribuido muchísimo. En Latinoamérica la sociología jurídica se está desarrollando e imponiendo, con sus naturales dificulatades, gracias también al instituto. Mucha gente de países latinoamericanos formada en el IISJ ha impulsado la sociología del derecho en sus países de origen.

Yo quisiera subrayar que la sociología del derecho es, por definición, interdisciplinaria. Pero la sociología como tal ya lo es. Por su parte, el derecho se ocupa de muchísimas cosas, como por ejemplo el impacto del derecho en la familia, en la sociedad, en el campo, a veces hasta en el cielo y bajo tierra. El derecho es universal. Ello significa que toda investigación interdisciplinaria debe involucrar a los expertos de las ciencias “duras”, es decir, las ciencias naturales. Por ejemplo, un tema tan fundamental como el del medio ambiente. ¿Cómo se puede imaginar una investigación socio-jurídica sin la colaboración de expertos en, digamos, glaciología? El deshielo de los glaciares en los Alpes me impresiona mucho. Durante toda mi vida, he sido aficionado al alpinismo. En Südtirol existe un lugar maravilloso que se llama Sulden, que está frente a inmensos glaciares. Cada an͂o que vuelvo a Sulden me pongo triste, veo como los glaciares se han derretido un poco más. Hablé durante an͂os con un colega de Edinburgo que es glaciólogo y me explicó lo que está aconteciendo y cual está la responsabilidad de los hombres en provocar estos efectos. En estudios así, siempre deberían estar involucrados científicos de diferentes ámbitos. Interdisciplinaridad significa esto.

Quisiera plantearle otra pregunta acerca del papel de la sociología jurídica respecto a la jurisprudencia clásica: ¿Cree que a los juristas la sociología jurídica les produce un desencanto con su propia disciplina?

Una muy buena pregunta. A mí mismo me provocó un desencanto. Yo tengo una historia muy particular. Entré en la facultad de derecho siguiendo los pasos de mi abuelo y de mi padre, que se habían alejado del derecho los dos, como hizo también mi hija mayor. A mí, me gustaba el derecho, pero sobre todo me apasionaban la filosofía del derecho y la sociología en general. Por aquel entonces, la sociología del derecho aún no existía. Después me volví a interesar algo más por el derecho, en especial por el derecho procesal, sobre el cual escribí mi tesis de maestría. Pese a ello, el derecho positivo me producía una sensación de ahogo. Para mí, la filosofía del derecho y la sociología del derecho fueron un verdadero salvavidas, me permitieron respirar.

¿Entonces, la sociología del derecho le salvó?

Sí. Y entré a la sociología del derecho gracias a la generosidad de Treves, que me acogió después que yo le hubiera dicho “no, prefiero escribir una tesis en derecho positivo”. Dada mi formación, me considero más jurista que sociólogo. Pero soy un jurista crítico. Y veo el derecho desde diferentes perspectivas. A veces es casi esquizofrénico. Cuando alguien actúa como abogado o como juez, naturalmente actua con la mentalidad de que tiene que interpretar y aplicar ciertas normas. Pero también tiene que interpretar unos hechos. Por ejemplo, los juristas no se dan cuenta de la importancia del hecho en un caso judicial. La construcción del hecho es algo central. Yo lo veo en mi trabajo como juez de la autodisciplina publicitaria. Allí el hecho es sumamente importante. Hay que decriptarlo más que interpretarlo. Tienes que entender y decodificar. Siempre digo a mis estudiantes “Que tengan en cuenta que antes de las normas viene construcción del hecho”. Tienes que encauzar los hechos dentro las normas y para encauzarlos hay que construirlos, pasarlos por filtros. Los pruebas son como filtros. Pero antes de ello hay que construir el hecho de alguna manera. Tal y como se construye una noticia para un periódico. Hay acontecimientos. Es un proceso de selección que pasa por filtros y se convierte en noticia.  Ahora hay un movimiento “narrativista”  muy fuerte en la sociología del derecho de estudios sobre cómo se construye el hecho dentro el derecho. Darse cuenta de estas relaciones desde una perspectiva jurídica clásica sí que produce cierto desencanto.

En Italia en 1959 apareció un libro de un filósofo del derecho sardo, Antonio Pigliaru, que describía la “vendetta barbaricina”, el orden normativo de los pastores de la región de Barbagia, una región del centro de Cerden͂a, como orden jurídico.[9] Era un desafío contra la cultura estatalista, centralista, monista, positivista. Yo me acuerdo de juristas que decían “Pero sí, ¿cómo se puede describir la vendetta como orden jurídico?”. Se puede decir que él adelantabe la vuelta pluralista que se impuso de nuevo – aunque antes ya había Ehrlich, había Gurvitch – que se impuso de nuevo en los an͂os setenta-ochenta con el renacimiento de la cuestión étnica. Los juristas lo trataron como una blasfemia.

En este sentido, la sociología del derecho es tanto deconstructiva como reconstructiva. Lo que no significa faltar o negar el respeto al razonamiento jurídico formal. Hay que distinguir las  tareas.

Pero al mismo tiempo ha escrito en un artículo de 2015[10] hay que pasar por el conocimiento interno del derecho...

... para entender. No puede deconstruir aquello que no conoce desde dentro, aquello que no se conoce como una construcción particular.

También dijo en su artículo que la sociología jurídica necesita de una una mirada interior, y que, a veces, su perspectiva externa carece de calidades sociológicas.

Sí, quien toma una perspectiva solo externa carece de conocimiento jurídico. En cambio, quien practica la sociología del derecho solo desde el derecho puede estar falta de rigor sociológico, especialmente en la investigación empírica. Porque aquellos que vienen de las facultades del derecho no poseen apenas conocimientos sociológicos. No se puede sustituir la sociología general por la sociología del derecho. Y, sobre todo, no se puede carecer de conocimientos metodológicos. Con alguna excepción, como el Journal of empirical legal studies, cuyos trabajos suelen ser muy refinados a nivel metodológico, la sociología del derecho muchas veces opera con métodos bastantes primitivos. Y, sobre todo en las últimas décadas, se ha desarrollado más la investigación cualitativa que la cuantitativa, al ser esta última mucho más costosa y necesitar unos conocimientos mucho más profundos de estadística – conocimientos que yo mismo no poseo a un nivel particularmente refinado.

Para volver a la situación del instituto: ¿cúales el papel del Gobierno Vasco en el instituto aparte de dar financiación?  La mitad de los miembros en el patronato del IISJ son del Gobierno Vasco. ¿Cuál era su interés al principio, cuál es su influencia ahora?

Caballero Harriet, nuestro colega de la UPV, tenía relaciones con el gobierno en aquel tiempo y lo convenció que era el momento de abrir la puerta a la sociología del derecho, algo que él mismo había hecho anteriorimente en San Sebastián. Y los convenció. Entonces se abrió esta puerta, o esta ventana, como la definía Renato Treves: “la ventana abierta”. Naturalmente, desde entonces en el Gobierno Vasco ha habido muchos cambios. Hubo una legislatura en la que el Partido Nacionalista Vasco (PNV), el gran impulsor del instituto, se fue a la oposición. Pero el gobierno siempre mantuvo su apoyo al instituto, aunque en los últimos an͂os haya disminuido mucho el presupuesto por razones económicas. Acabo de hablar con la consejera de justicia y la vice-consejera y me pareció que tenían un interés real por apoyar al instituto. Yo creo que hay que fortalecer la relación entre el instituto y la sociedades espan͂olas y vascas y, en particular, con la ciudad de Oñati. Es paradójico que en la calle o en los bares, el típico lugar de encuentro, haya gente que no sepa que en Oñati existe un instituto académico. Mucha gente de la ciudad no sabe lo que hacemos y que en Oñati se encuentra la biblioteca más importante del mundo en la sociología del derecho. Pero eso no es problema suyo, sino nuestro. Nosotros debemos manifestarnos y hacernos conocer.

¿Y al revés, cómo influye al IISJ estar situado en Euskadi en general y en On͂ati en particular? Yo estaba pensando que por un lado Euskadi es una región con una gran riqueza cultural. Por otro lado, está esa historia tan conflictiva. Euskadi es periférico dentro del imaginario político de España. Tan periférica como la  la sociología jurídica…

Hay quienes en Espan͂a rechazaban la idea de algo así apareciese aquí en el País Vasco. Al principio tuvimos problemas inesperados. Para el resto de España, fue bastante difícil hacer aceptar que este instituto se estableciera en el País Vasco. Este problema naturalmente era más caliente cuando había el problema de la violencia, cuando aún había el conflicto armado. Un antiguo presidente del patronato del instituto, José Ramón Recalde, un socialista, sufrió un atentado etarra después de dejar el cargo de presidente, en el an͂o 2000. Dos muchachos le dispararon. Nunca se ha sabido por qué. El había sido abogado y defensor del nacionalismo vasco. Sobrevivió el atentado y falleció el an͂o pasado.

En aquel tiempo, hacer entender a la cúspide madrileña por qué instalábamos el instituto en el epicentro de Guipúzcoa, donde solo se habla euskera y el nacionalismo es hegemónico, fue muy difícil. Lo conseguimos en los primeros an͂os, cuando en el patronato estaba Elías Díaz García, una de las figuras más importantes de la filosofía del derecho espan͂ola. Al final lo dejó y no se ha repuesto. Tenemos que conseguir una vinculación más fuerte con Espan͂a. No se trata de traicionar la identidad vasca. El instituto es un centro vasco, de eso no cabe duda. Pero no es lógico que tengamos tantos vínculos con Italia y tan pocos con Espan͂a.

Para ir acabando, en su opinión ¿cuál es el papel que el IISJ debería tener en el futuro y cuáles son las tareas más importantes? Ya mencionó que el instituto debería cambiar y dejar de ser tan solo un “sitio de paso”.

“Un sitio de paso”, como si fueran pájaros... ¡pero regresan! Visitan los workshops, trabajan en la biblioteca. Hasta se ha institucionalizado un foro de alumnos del instituto en el internet.

Antes subrayó que le gustaría tener aquí de nuevo un programa de doctorado y hacer investigaciones desde el IISJ.

Un programa de doctorado hay que hacerlo con un conjunto de universidades. Ahora mismo no hay un riesgo de que el instituto pierda atractividad. Sin embargo, para el futuro tenemos que pensar en nuevas formas para atraer a gente que venga aquí. Los workshops siguen haciéndose. En el máster, como ya dije, existen algunos problemas. La biblioteca, que ahora atrae estudiosos de todo el mundo: dentro de unos an͂os quizá la biblioteca, como todas las demás en el mundo, debrá ser completamente digitalizada y ser disponible online completamente. Sin embargo, confio en que seguirá atraendo a gente para venir físicamente a Oñati. Cuando uno está aquí, no tiene mucho más que hacer que estudiar y pasar su tiempo en la biblioteca o en su casa con un libro en préstamo. Pero, por ejemplo las revistas en papel van a desaparecer. En este sentido, el instituto debe cambiar. Tenemos que estar aún más presentes en la red. Y si también se estimulan grupos de investigación yo creo que el instituto podría sobrevivir mejor. El instituto debe estar vivo tanto a nivel virtual como físico.

Pero el encuentro real sigue siendo importante.

Sí, los workshops siempre están allí. Y los encuentros en la residencia de los estudiantes son muy importantes. El IISJ ha creado un cierto sentimiento de comunidad cultural, como ocurrió con el doctorado “Renato Treves”, ya mencionado, que duró diez an͂os y del cual regresaron varios Phds en law and society. Entre ellos se definían “los Treves”. Desgraciadamente, la reforma universitaria italiana, aún declarando ser internacionalista, nos obligó a cancelar el programa. La Oñati Community, que se ha establecido con los antiguos estudiantes y profesores del Instituto, puede ser algo parecido y más importante, por números y tradición.

¿Su deseo para el futuro del IISJ?

Ampliar su foco. Treves hablaba de una ventana abierta. Hay que abrir la ventana hacía la investigación.

¡Muchas gracias!

 

La entrevista fue realizada en On͂ati en febrero de 2017. Una traducción alemana ha sido publicada en el blog “Rechtswirklichkeit”.


[1] Francisco Javier Caballero Harriet es catedrático en la Facultad de Derecho de la Universidad del País Vasco (UPV) y trabaja en las aéreas de filosofía, teoría y sociología del derecho. Es director de la Red Latinoamericana de Másteres y Doctorados de la UPV. Fue cofundador del IISJ.. 

[2] Jean Van Houtte ha sido rector y catedrático de sociología del derecho en la Universidad católica de Amberes.

[3] Volkmar Gessner, 1937-2014, fue jurista y sociólogo del derecho alemán, catedrático en la Universidad de Bremen..

[4] Renato Treves, 1907-1992, fue figura principal de la reinvención de la sociología del derecho italiana a partir de la posguerra. Promotó la creación del “Research Committee on Sociology of Law” de la ISA y fundó la revista italiana Sociologia del diritto. Fue cofundador del IISJ. Véase Pérez González, Sergio (2006) Renato Treves: fundamentos e itinerario de una sociología jurídica, Anuario de filosofía del derecho, Nº 23, págs. 405-430 y Díaz, Elías (1992) Renato Treves (1907-1992). Doxa 12, págs. 25-37.

[5] André-Jean Arnaud, 1936-2015, fue sociólogo del derecho francés, cofundador del IISJ y su primer director científico.

[6] Renato Treves dio su última ponencia sobre los dos sociologías del derecho en Milán en febrero 1992. La ponencia fue publicada en Sociologia del diritto XIX (1992), Nº 2, págs. 11-20.

[7] Sociologia del diritto. Origini, Ricerche, Problemi, Torino: Einaudi, 1987 (edición francesa: Sociologie du droit, Préface de Jean Carbonnier, Paris: Puf, 1999; edición espan͂ola, La sociología del Derecho. Orígenes, Investigaciones, Problemas. Nota preliminar de Manuel Atienza. Barcelona: Ariel, 1988.

[8] Origínal: Funzioni del diritto. Roma/Bari: Laterza, 1987. Traducción espan͂ola: Funciones del derecho. Madrid: Debate, 1989 (nueva edición, Bogotá: Universidad Externado, 2014).

[9] Pigliaru, Antonio (1959): La vendetta barbaricina come ordinamento giuridico. Milán: Giuffrè.

[10] Ferrari, Vincenzo (2015): Sociology of law in European civil law countries. Some remarks and correspondent proposals. Recht der Werkelijkheid 2015 (1): 41-54.

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